Tengo una nueva amiga

Bueno, nuevo. Eso necesita algún matiz. Desde mi regreso de Panamá he entrado en contacto con un grupo de chicos católicos. Formamos una fraternidad con un buen número de jóvenes.
A través de esta fraternidad, aprendí el valor de rezar el Rosario. Siempre me pareció aburrido o largo. A veces decía que el Rosario era para gente que no sabía leer y, por tanto, no podía rezar el breviario. No tenía mucha relación con ellos. Antes lo rezaba, pero no con la intención que lo hago ahora.
Llevo quince días rezando el Rosario todos los días y enseguida he notado cambios. Había empezado un día en que había trabajado mucho y estaba en un bajón de energía. Estaba a punto de quemarme. En la primera semana, sentí que volvía la paz. Mientras que con mi trabajo, nada ha cambiado.
Inmediatamente, el primer domingo, recibí un mensaje milagroso. Después de mi respuesta, recibí otro mensaje aún más milagroso. Me doy cuenta de que la Madre María es una verdadera intercesora ante su Hijo. Esta semana han ocurrido varias cosas pequeñas, todas ellas con algo de milagroso. He recibido muchas gracias como fruto del rezo del Rosario.
No sé qué más me tiene reservado Nuestro Señor. Pero si, de esta manera, todas mis oraciones son escuchadas, entonces mi corazón cambia completamente cuando todos mis deseos y anhelos son concedidos.
Así que sí, ahora puedo decir: María es mi amiga.



