En la capilla de San Pedro
Hoy ha sido por fin la canonización. Me levanté temprano y fui a la Plaza de San Pedro. Tras el control de seguridad, me situé por primera vez tan cerca de la plaza y me sorprendió totalmente que tuviera un asiento bastante adelantado. También me dieron un folleto que me permitió seguir la Misa de cerca. En realidad, era la primera vez en estos días que entendía algo. Eso fue porque casi todo estaba en latín y todo estaba traducido al inglés en la página de al lado. Qué hermoso es que tengamos una Iglesia mundial.
Después de la Misa, todo el mundo quería fotografiarse con el Santo Padre, el Papa, mientras paseaba en coche. Yo no tuve esa suerte. Sin embargo, tuve suerte de estar cerca de la entrada de la Basílica de San Pedro. Pregunté a la policía dónde estaba la cola y me la indicaron. Me uní a ella por delante. Creo que esperé unos 10 minutos bajo un sol abrasador. Justo cuando iba a coger mi paraguas, todo el mundo empezó a correr. Se abrió la entrada principal. Tras casi correr, llegué al vestíbulo, que ya era imponente. Tras entrar, había llegado a una iglesia majestuosa. Un espacio enorme con todo tipo de cosas que ver.
Después de saludar a Nuestro Señor, me puse a hacer de turista y a hacer fotos de todo. Es una iglesia preciosa con un confesionario desgastado aquí y allá o algunos carros arrastrándose entre los miles de personas. Los selfies son realmente terribles, pero prueban que sí entré.
Tenía bastante hambre de comer incluso antes de entrar, pero seguía pensando que el almuerzo que te puedes tomar en cualquier sitio era menos importante que tener que hacer cola durante tres o cinco horas de lo contrario. Así que hoy ha sido otro día de suerte. En realidad, todo este viaje. He sido bendecida en todo. Y así, por gratitud, encendí una vela, bueno, encendí..... Encendí un interruptor a María y recé por mi familia y mis amigos, en el sentido más amplio.


















































































