Una década sin mi querido papá

He vivido muchas cosas en los últimos años. Puedes leer y ver mucho de eso en este blog. Si eres parte activa de mi vida, sabrás que también ocurren más cosas que no siempre quiero compartir públicamente. Gracias en parte a mi blog, recuerdo bien muchas cosas. Pero hay cosas que no merece la pena recordar. Para eso están las fotos. Aunque no soy el tipo de persona que hace fotos de todo. A menudo me doy cuenta de que no hago fotos de ciertas actividades. Guardo esos recuerdos en mi mente. Entonces no siempre puedo compartirlos. Pero a menudo son momentos hermosos con amigos y familiares que quiero atesorar.
Hace 10 años viví un día que aún recuerdo perfectamente. Concretamente, que mi querido padre murió repentinamente. Aún recuerdo exactamente lo que ocurrió aquel día. Eso también se puede leer en este blog. Pero lo que ocurrió antes o después es bastante vago en mis recuerdos. Por ejemplo, no sé qué fue lo último que le dije a papá. Como dijo nuestro ex primer ministro: «No tengo ningún recuerdo activo de ello».
Pasé por muchas cosas con mi querido papá. Tanto momentos buenos como no tan buenos. Pero los buenos recuerdos siguen prevaleciendo. De hecho, sólo quiero olvidar los malos recuerdos de mi padre. Quiero recordarle como el superhéroe fuerte e invencible que era cuando yo era pequeña.
El año posterior a la muerte de papá ha pasado como un borrón. Sólo tengo un recuerdo de 2015. Y es concretamente que lancé la aplicación Tidal Prayer. Cualquier otra cosa que haya sucedido la he olvidado por completo. A partir de 2016, los recuerdos empezaron a volver. Empecé a vivir un poco de nuevo. Por supuesto, con la JMJ de Cracovia. Y los años siguientes me independicé totalmente y me fui a Panamá. (Si no sabías esto último, entonces eres un total desconocido para mí 😁) El resto es historia digamos.
Me doy cuenta de que perder a mi padre fue muy intenso al principio. Recuerdo que se lo confié a Dios muy rápidamente. Y la pregunta «¿Por qué?» la solté. Noto que echar de menos a mi padre en mi vida se me está pasando. A veces me siento orgullosa de poder decir que tengo dos padres en el cielo. A saber, mi padre y Nuestro Padre. Bromeo sobre ello. De todos modos, no puedo cambiar nada. No puedo ir lloriqueando a todos los que me preguntan por mi padre. Sólo tengo fe en que está en el cielo.
Cada año, los recuerdos de mi padre disminuyen. Tengo que mirar las fotos para ver cómo era. Las graciosas palabritas de papá, que a veces eran bastante tontas, las llamábamos gijsbertianas. Pero a menudo esos dichos siguen saliendo disparatados. Pero tampoco recuerdo siempre cómo sonaba su voz. Para eso tengo los vídeos. Así que por suerte aún tenemos las fotos.



